¿Vale la pena enviar archivos adjuntos en tu newsletter?
Seguramente, después de haber creado un recurso increíble para tu audiencia, hayas sentido el impulso, casi por inercia, de adjuntar este archivo en el próximo newsletter para que los suscriptores lo reciban directamente. Y si bien parece la opción más lógica y rápida, en el mundo del email marketing el camino más corto rara vez es el mejor.
La práctica de enviar archivos adjuntos en campañas masivas está cargada de problemas técnicos, riesgos de seguridad y obstáculos que pueden sabotear por completo el impacto de tu contenido. Por lo tanto, antes de adjuntar este archivo al correo, es imprescindible saber cuándo es una excepción aceptable y cuándo es un error estratégico.
¿Cuándo podría parecer una buena idea?
Hay que tener en cuenta que la idea de adjuntar archivos al newsletter no se trata de un “no” rotundo, ya que existen escenarios muy específicos donde un adjunto no genera problemas. Sin embargo, es importante aclarar que estos casos se alejan del concepto de un newsletter masivo.
El primero es en comunicaciones internas; si necesitas enviar un reporte a tu equipo de diez personas, quienes están esperando activamente el documento, un adjunto es funcional. El nivel de confianza es alto y no hay un filtro de spam masivo que penalice el envío.
El segundo caso son los correos transaccionales; cuando se compra un boleto de avión o se recibe una factura después de una compra, el PDF adjunto es esperado y necesario.
Es decir, es posible o hasta necesario cuando se trata de un email individual y automático, no de una campaña de marketing.
¿Cuándo definitivamente no hacerlo?
Cuando hablamos de un newsletter enviado a cientos o miles de suscriptores, los adjuntos se convierten en un verdadero problema.
El primer obstáculo es el filtro antispam, ya que los principales proveedores de correo electrónico ven los archivos adjuntos en envíos masivos como una práctica sospechosa. Por lo tanto, adjuntar un archivo puede aumentar de forma significativa las probabilidades de que toda tu campaña termine en la carpeta de correo no deseado.
Pero este no es el único problema; la confianza del usuario también es un factor que puede jugar en contra, ya que la seguridad digital nos ha marcado con hierro incandescente que nunca debemos abrir adjuntos de remitentes desconocidos o incluso esperados porque existe el riesgo de virus.
Forzar a tu audiencia a descargar un archivo puede generar desconfianza y podría dañar la credibilidad que tanto te ha costado construir.
Por último, no hay forma de saber quién abrió realmente el archivo, por lo que no se podrá tener métricas fidedignas. Además, un archivo pesado es una molestia para quienes leen sus correos desde el celular.
El veredicto final y la alternativa inteligente
Entonces, ¿vale la pena? La respuesta corta y directa, como regla general para tus newsletters, es no. El riesgo de dañar la entregabilidad, romper la confianza de tu audiencia y perder datos valiosos sobre el comportamiento de tus usuarios es demasiado alto.
Si es fundamental que tu clientela vea el archivo, la opción más sencilla y profesional es subir el archivo a nuestro propio sitio web o a un servicio en la nube como Google Drive o Dropbox y enlazarlo mediante la newsletter.
Un botón o un enlace de descarga es ligero y no activa los filtros de spam y el usuario tiene una mayor confianza para hacer clic, pero además de ello, también se puede medir la interacción, sabiendo exactamente cuántas personas hicieron clic, quiénes están más interesados en tu contenido y así utilizar estos datos para futuras campañas. Todo ello con el beneficio adicional de que también puedes generar tráfico directo a tu sitio web.