HStudio: Bailar para vivir, vivir para bailar

Para los miembros de este colectivo el break dance es más que sólo un baile: es un estilo de vida que vale la pena sin importar los prejuicios que hay en su contra

Por Olivia Guzon

HStudio: Bailar para vivir, vivir para bailar

En medio de turistas que circulan la Plazuela Machado, en el Centro Histórico de Mazatlán, una brillante luz parpadeando anuncia que el show está por iniciar. Ellos empiezan a circular con energía animando al público a acercarse, con palmas y sonrisas los atraen hasta que como abejas los curiosos los rodean.

Entonces la música estalla y… todo y todos desaparecen. Una corriente eléctrica recorre el cuerpo eliminando todos sus problemas y preocupaciones hasta que, de manera casi automática, sus piernas comienzan a moverse, y así como si fuera lo más natural del mundo se paran de manos y realizan otras acrobacias mientras bailan.

Para los miembros del colectivo HStudio, el break dance es más que sólo un baile: es un estilo de vida que vale la pena sin importar los prejuicios que hay en su contra.

“Se hace como un estilo de vida, más que nada, ya por más que me dice la familia, los amigos, todos, que deje de bailar, que agarre el rollo, porque creen que no hago nada bailando, que no voy a llegar a ningún lado, la verdad es que realmente sí estoy llegando a un lado”,asegura Bboy Paracetamol, mientras camina por las calles del Centro con su hijo pequeño en los hombros.

“Yo nunca me imaginé que el break dance me diera tantas satisfacciones, más que nada con mi familia también, porque ahí el break me ayuda también a mantenerlos”.

Y es que para ellos, la idea de estudiar una carrera profesional, conseguir un empleo con seguridad social y trabajar en una oficina el resto de su vida no es sinónimo de éxito, por lo que han decidido dedicarse al break, no como un hobbie sino como un verdadero trabajo, convirtiéndose así no sólo en amigos sino en socios, y sobre todo en una familia.

“Lo que nosotros hacemos es algo que la verdad sí te da de comer aunque sea mal visto. Uno hace lo que le gusta y uno se mantiene”, dice Bboy Vicio, a quién llamaron así primero por su amor a los juegos de maquinitas y después por su entrega al baile.

Ahora Vicio es el administrador financiero del colectivo y su deber va más allá de dividir las ganancias en partes iguales: él se encarga de administrar el dinero de manera que se puedan solventar gastos en común del colectivo, principalmente los servicios básicos e internet de la casa que rentan en conjunto y que hoy sirve como casa club, estudio para ensayar y hasta como hogar para algunos de ellos.

Como él, otros miembros de la agrupación abandonaron sus estudios o empleos para vivir del baile, contra todos los prejuicios que la sociedad pueda tener al respecto.

“Cada vez que entró a un semáforo doy el 100 por ciento, ya que si diera algo menos, yo no me sentiría bien pasando entre los automóviles para ganarme un incentivo” ,dice

Bboy Dani, de 34 años, fundador del colectivo, quien dejó un empleo estable varios años atrás y ahora mantiene a su familia con puro break.

“Hay veces que no me dan, pero te arrojan una sonrisa tan autentica que te dice más que cualquier cosa, que te hace sentir bien, que valoran lo que haces”.

Bailar diario en un semáforo de 9:00 am a 12:00 pm, y de jueves a domingo en la Plazuela Machado de 8:00 a 9:30 pm no es cosa fácil, pues una jornada laboral puede durar hasta

100 semáforos al día. Si a esto le agregas el calor y las reacciones negativas de varios conductores, el resultado es más que apabullante.

“Uno es respetuoso, porque a veces la gente cree que somos cholos, que somos delincuentes, que no hacemos nada. En el semáforo ya estamos impuestos a que nos griten ‘Pónganse a trabajar, que esto y que esto otro’, expresa Paracetamol, de 32 años.

“Ya no me afecta la verdad, porque yo estoy viviendo mi vida y cada quien hace lo que a uno le gusta. Cada cabeza es un mundo”. 

Mientras que las acrobacias son algo bien visto en el mundo de la farándula o el circo, cuando se trata del break en la calle, hay quienes reaccionan como si se trataran de mendigos que buscan dinero para satisfacer una adición: no sólo negándoles unos pesos sino hasta la sonrisa.

“Estoy tratando en ese momento de entretenerte con un esfuerzo muy grande, que me cuesta muchísimo trabajo y muchísimo entrenamiento. Estar parado aquí no es fácil, no es fácil”, expresa Dani, no molesto ni frustrado sino de manera apasionada, como si sus palabras le dieran ritmo a sus expresiones en un energético baile.

Además, por su forma de vestir urbana tienden a ser discriminados y catalogados como “cholos”.

“Nos miran mal por como nos vestimos, pero no somos igual a los vagos. Nosotros hacemos deporte y no andamos haciendo cosas malas”, dice Bboy Tello, de 21 años.

Irónicamente, su estilo de vida es mucho más saludable, pues su cuerpo es su herramienta y por ello la cuidan haciendo ejercicio, evitando el consumo excesivo de alcohol, de hecho muchos ni siquiera fuman.

Pero a pesar de los múltiples obstáculos que la sociedad les arroja, la pasión por el baile los motiva a seguir adelante, pues sus prioridades hace mucho que dejaron de involucrar riquezas materiales.

“Cuando estás haciendo lo que te gusta, todo, hasta las cosas negativas te alientan a seguir creyendo en eso”, explica Dani.“Yo estoy muy bien donde estoy (…) tengo una pasión y me concentro en lo que es más importante para mí”.

La convivencia del grupo es tanta que se han convertido en una segunda familia que brinda mucho más que sólo sustento económico.

“La razón por la que estoy aquí es porque amo esto, amo el baile, amo estar con mi grupo”, comenta Bboy El Negro, de 19 años.

“Las experiencias que gana uno aquí, el crecimiento como persona que he adquirido con todos ellos es lo que me hace estar aquí, no es el dinero ni tampoco como que ser el mejor bailarín del mundo. Son ellos”.

Su sistema de financiamiento, su gran compromiso y positivismo ante la vida, su espíritu luchón que siempre busca salir adelante y el cariño fraternal que ha nacido entre ellos se ha convertido en el sello que los distingue de otros grupos.

“El HStudio no es un local, no es una casa, es una idea, y las ideas perduran siempre que haya personas que crean en ellas”, exclama Vicio.

Al terminar su presentación y recolectar el fruto de su esfuerzo se comparten cumplidos por sus proezas y palabras de aliento para que aquél truco que falló salga mejor a la próxima. Mañana lo volverán a hacer todo de nuevo, cuántas veces el cuerpo se los permita. Para ellos eso es “la felicidad”.

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